MÉTODO PARA APLACAR LA IRA: LA CARICIA MALIGNA (O DIBUJAR POLLAS)

Nos encanta odiar. Es malo, bonito y barato, que es como nos gustan las cosas hoy en día. Odiamos a diario, pero no siempre podemos demostrarlo, y eso, a la larga, creo que provoca colon irritable. Yo odiaba a un novio que tenía. A ratos me gustaba, pero cómo le odiaba a veces, joder. “No sé lo que quiero ser, pero sí sé lo que no quiero ser”, decía el muchacho en cuestión cada cierto tiempo. Yo cada vez que oía la gran frase sentía que se me llevaban los demonios a Benidorm. Tendría que haberle matado desde el principio, pero seguro que me habría clavado el cuchillo a mí misma sin querer. Además, creo que estaba un poco enamorada, así que dejaba que las cosas siguieran su curso. Pero soy una persona maniática y rencorosa, así que por algún lado tenía que salir esa mierda. Y así fue como un día, un poco sin pensarlo, me vi entregada al dulce acto de LA CARICIA MALIGNA.

Cariño: a veces un sentimiento hermoso, y en ocasiones simplemente un pueblo de A Coruña.

Cariño: a veces un sentimiento hermoso, y en ocasiones simplemente un pueblo de A Coruña.

La caricia maligna sólo puede realizarse con personas con las que uno tiene especial confianza, véase un novio, un familiar, un compañero de trabajo o un jefe buenrollero. Veamos en qué consiste con un sencillo ejemplo. Está usted de cañas con sus amigos y su novio, y este último lleva todo el día tocándole los cojones con comentarios estúpidos; puede ser cualquier cosa: una coletilla recurrente, un acento argentino mal imitado, las típicas chorradas que es perfectamente lícito decir, pero que a usted la irritan sobremanera y la ponen al borde de la separación de bienes. Sabe que si protesta, la bronca será absurda y no llevará a ningún sitio agradable. Así pues, acérquese a su churri con cualquier excusa, y, mientras le habla, hágale cariñitos, acariciándole la espalda con mimo. Y he aquí el secreto: Mientras acaricia su espalda y sus hombros, juguetee con el dedo y “dibuje” distraídamente algo ofensivo y burlón, y siga asintiendo y sonriendo, como si todo fuese como la seda. Yo, personalmente, recomiendo dibujar sexos masculinos o caritas sonrientes: son fáciles de trazar con disimulo y la persona dibujada no se percatará del asunto. En breves instantes, notará usted que su rabia se va disipando.

Ejemplo 1: Cómo trazar un rotundo cimbel con una sutil caricia.

Ejemplo 1: Cómo trazar un rotundo cimbel con una sutil caricia.

Un amigo, previamente aleccionado por mí, empezó a usarlo semanalmente con su jefe, un joven amable con el que tiene muy buena relación, pero que insiste en decir “discuRsión” en lugar de “discusión”, cosa que irrita mi amigo. A mi colega, que se limitaba al dibujo de sexos masculinos, le gustaba llamarlo sencillamente “dibujar pollas”, y me informaba cada vez que “le dibujaba pollas” a su jefe en el hombro. Lo hacía muy rápido, dos bolitas y un palo, para que la cosa no pasase de un roce de camaradería, pero decía que a él le funcionaba igual de bien. Dormía estupendamente, iba contento a trabajar y rendía mucho más, porque ya no odiaba a su jefe. Yo estaba entusiasmada. La caricia maligna se estaba transformando en el nuevo bikram yoga. El poder sanador de almas de las Flores de Bach no tenía nada que hacer frente a LA CARICIA MALIGNA.

Ejemplo 2: El pene icónico, una opción más discreta y de sencilla ejecución, pero igualmente efectiva.

Ejemplo 2: El pene icónico, una opción más discreta y de sencilla ejecución, pero igualmente efectiva.

Y entonces llegó el día en el que una gran amiga, una chica bondadosa y con una relación preciosa con un chico de bien, me dijo tímidamente que si podíamos hablar. En el apartado rincón de un bar, esta amiga me contó que hay momentos en el que el amor no basta, y uno necesita alguna droga rara para entender quién es ese ser con el que se comparte cama y mesa. Me dijo que había comenzado a practicar la caricia maligna. Con lágrimas en los ojos, me confesó que su particular versión consistía en dibujar corazones en la espalda de su chati y tacharlos después, y que eso la aliviaba momentáneamente, pero que después se sentía muy culpable y que ESTABA EMPEZANDO A TENER ATAQUITOS DE ANSIEDAD POR LAS NOCHES. Yo la tomé entre mis brazos y le dije: Caíño mío, abandona. Y ahí entendí, y lo pondré como fin de post como si de las contraindicaciones de un medicamento se tratase, que la caricia maligna, amigos, no es para todos los públicos. Hay corazones delicados para los que es preferible aguantar la angustia y acumular malignidad en el cuerpo hasta conseguir un sabroso colon irritable o una úlcera. Aunque también se dice por ahí que existe la posibilidad de solucionar las cosas hablando cara a cara con los amigos, los novios y los jefes, pero yo,  personalmente, creo que es una leyenda urbana o una mala traducción de las sagradas escrituras.

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8 pensamientos en “MÉTODO PARA APLACAR LA IRA: LA CARICIA MALIGNA (O DIBUJAR POLLAS)

  1. El nuevo fino y sutil fuck you. Me encanta.

  2. Víctor dice:

    me costaría horrores tocar a cualquiera de mis antiguos jefes o jefas.. ¿valdría hacerlo en el aire, apuntándole a la espalda mientras se va?

  3. Miguel dice:

    sopapito va, sopapito viene. qué cosa. qué cosa, hermana. qué cosa. quiero más.

  4. Yo también quiero más, estoy atrapada en un lugar donde me resulta imposible hacer caricias malignas y tengo que recurrir al voyerismo para aliviarme.

  5. gonzaire dice:

    Mi malicia homemade no es cariñosa, sino más bien autolesiva. Consiste en acercarme todo lo que puedo al destinatario y apretar fuertemente los dedos de ambas manos mientras levanto el dedo corazón. Un gesto universal y globalizado, pero que en mi caso roza el masoquismo porque solo tiene sentido cuando consigo que me duelan los dedos que aprieto y el dedo corazón quede prácticamente dislocado de tanto apuntarlo hacia fuera.
    Evidentemente, la “caricia” no es pública ni visible para el destinatario, sino que tiene lugar en los bolsillos de mi pantalón o chaqueta o, incluso y jugándome el tipo, al aire libre pero con las manos pegadas a las piernas y giradas hacia mí, apuntando hacia arriba.
    Cercano y doloroso: condiciones sine qua non

    • Gonzaire, me mata esto que nos cuentas. No puedes permitirte el odiar mucho, a riesgo de dislocarte una falange, un falangín o una falangeta. Muchas gracias por ampliar nuestros horizontes de odiar en secreto.

  6. cuchocat dice:

    Genial estrategia, pero sólo aplicable con gente cercana y de confianza. No me veo rozando nada a mi jefe, imposible.

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