El Violador del Condón

Anoche soñé que andaba suelto por la ciudad un violador que violaba con condón. Era un señor aburrido, gourmet del sexo seguro. Usaba espermicida y todo.  Antes de dormir había estado hablando con un amigo de esos miedos inciertos infantiles, fundamentados básicamente en el terror materno y abuelil: el asesino del ascensor, los gitanos que se te llevan, el filtro de la piscina que se te traga (o te traga los intestinos, dejándote a ti ileso, pero destripado) y demás cosas bonitas que te deforman el cerebro en los años en los que lo tienes tiernecito como un chopped recién escupido por la máquina.

niños atormentados

Cuando me fui a la cama, antes de caer en la fase mongola, mi cerebro quiso dar un último coletazo de su mierda más absurda y creó en dos segundos ese personaje imposible que es el Violador del Condón.

Antes de contar lo que viene a ser la almendra del sueño del Violador del Condón, debo hacer un pequeño-gran paréntesis para ponernos en situación:

Últimamente mis días son una cuadrícula trazada al milímetro, en la que cada cuarto de hora tiene una función clara. Supongo que la vida de muchos de ustedes  es también así, y que les pasa como a mí, que muchas veces, queriendo tener todos los cabos del día bien atados, se pierden  a ustedes mismos en ese torrente de quehaceres, hasta el punto que cuando llega la minifracción de ocio son incapaces de usarla, porque se encuentran  vacíos y raros en ese medio gaseoso y bello que es el no hacer nada. Yo, con respecto a lo del ocio en tiempos de taquicardia, me recuerdo a un perro que vi una vez en las obras de un edificio. Era de estos bichos enormes, con el lomete sarnoso y expresión de hijoputa, con las encías siempre a la vista. Se veía que le habían pegado a base de bien, con palos y todo. Un perro desgraciado de verdad. Estaba atado con una cuerda vieja a un poste de la obra y no paraba de ladrar con voz de señor. Daba miedo acercarse. Te miraba con hambre de matar y tiraba de la cuerda, que se ponía tensa y movía el poste en cada ladrido. Y de pronto, cuando más cerca estaba de él, en uno de esos tirones, la cuerda se soltó. Yo casi me voy por la patilla. Pero, oh sorpresa: el perro, sobresaltado por esa sensación desconocida de libertad, se encogió sobre sí mismo y empezó a llorar muy pegado al poste. Pues bien, eso es lo que me pasa a mí con el tiempo libre en estos últimos tiempos, que me encojo y me vuelvo de nuevo al poste y a la sarna, porque no conozco otra cosa más que eso.

En mi sueño, camino de casa después de un día terrible lleno de ocupaciones adultas y espantosas, un señor me agarraba y me llevaba a un callejón. Yo no gritaba porque estaba muy cansada después de currar todo el día. No era muy violento el hombre. Se le veía desganado, como triste de toda la vida. Ni siquiera me sobaba con ansia loca, que era como me imaginaba yo que tocaba un violador, sólo me sujetaba contra la pared. En un momento dado, se hurgaba en el bolsillo, sacaba un condón, y entonces comprendía que era él, EL VIOLADOR DEL CONDÓN. Y yo, y aquí comienza lo feo, SENTÍA ALIVIO. ¿Por qué? Porque ya tenía un par de cosas menos de las que preocuparme: el embarazo y las enfermedades.  Porque no tendría que ir al médico e iba a poder asistir a la práctica del carnet de conducir a la mañana siguiente. Así de loca y pragmática era yo en mi sueño. Antes de que me la metiera, le decía: eh, no, espera, así no. Y es que hace unos años escribí un documental por encargo que iba de la malaria y el VIH en Ghana. Como tengo la mente trastornada, lo único que recuerdo de toda la documentación sobre las enfermedades que me enviaron los médicos de Ghana son dos cosas: que la monja que se ocupaba de enviármela se llamaba Sor Macarena, y que una de las causas de la propagación del VIH en África era el SEXO EN SECO. Recuerdo leer y releer estas palabras, pensando en si querían decir lo que parecía que querían decir. A partir de entonces, todo lo que da dentera lo relaciono con las palabras SEXO EN SECO. Las uñas en la pizarra y el tenedor rayando el plato, por ejemplo, son para mí representaciones del sexo en seco ghanés. Pero, volviendo al sueño, todo iba sobre ruedas, porque este violador, como he dicho, era un gourmet que tenía lubricante y todo, así que nada de dentera de violación ghanesa.  Enseguida se ponía al tema, siempre sin abandonar su rollo tristón. Y aquí viene el verdadero horror y el cariz pesadillesco del sueño: Durante toda la violación, yo no estaba ni preocupada ni incómoda ni nada. Yo lo que quería era que acabase rápido, pero porque pensaba que si no, NO ME IBA A DAR TIEMPO DE PREPARAR LA COMIDA DEL DÍA SIGUIENTE. Sólo pensaba en lo que iba a hacer de cenar, en acordarme de fregar el tupper y pagar las prácticas del carnet de conducir. También decidí que iría a denunciar la violación al día siguiente, ya descansada, porque en ese momento no me apetecía mirar dónde estaba la comisaría más cercana. Pero luego recordaba compromisos varios, y decidía que ya iría el jueves por la noche, que era el único rato en el que iba a poder. Después empezaba a pensar que en las películas, cuando te violaban, te miraba un médico, y cogían esperma del violador para identificarlo y dárselo a los de CSI. ¿Pero total, para qué voy a ir, qué esperma me van a coger, si me está violando con condón? –pensaba yo.

Por favor, diosito, que si me viola alguien sea el Violador del Condón, que el miércoles tengo un examen mazo difícil de Ética y no voy a tener un minuto para hacerme el Predictor

Por favor, diosito, que si me viola alguien sea el Violador del Condón, que el miércoles tengo un examen mazo difícil de Ética y no voy a tener un minuto para hacerme el Predictor

Miraba al violador, que seguía tracatrá tracatrá, y estaba tan a mi rollo de limpieza y labores del hogar, que le decía: “Tienes que afeitarte por aquí”. Tenía esta sotobarba maligna que se dejan los hombres descuidados, y que les va comiendo el cuello. Por estos caprichos y elipsis de los sueños, de pronto estaba en mi casa, muy a gusto, y pensaba: Como me ha  violado con condón, no pasa nada… Y sabía que, poco a poco, iba a dejar que mi mente se fuese apaciguando y se me fuese olvidando el incidente, porque al día siguiente tenía tantas cosas que hacer, y el fin de semana ya era demasiado tarde para ir a la poli y decir: Mira oye, que el lunes me violó un hombre en una calle aquí al lado. Y fin del sueño.

***Todos los incidentes relatados en esta historia son ficticios, menos lo de la comida del día siguiente, lo de fregar el tupper y lo del carnet de conducir, que es todo  verdad. Y el sexo en seco de Ghana, tristemente, también es verdad. Es decir, que lo del violador es TODO MENTIRA, pero lo de la mierda de vida que llevamos es TODO VERDAD. ***

El tupper sucio es una realidad que no hay Instagram que la arregle.

El tupper sucio es una realidad que no hay Instagram que la arregle.

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6 pensamientos en “El Violador del Condón

  1. Que te quiere dice:

    Duerme, mi nena. Duerme mientras leo lo nuevo (que no estaba hace 10′)

  2. Me lo habían recomendado dice:

    Mejor no seguir leyendo porque temo que mi cerebro (mi única y pobre neurona)
    sea absorbida por el desagüe de la piscina.
    o algo peor por ejemplo que me la pique un pollo.
    parece un diario sicoanalítico perverso ¿no?.
    es turbador y estimulante.
    quizás no sea aconsejable para personas influenciables y
    de carácter más bien fláccido como el mío.
    su capacidad de crear imágenes y sensaciones es muy grande.
    parece cine surrealista ¿no?
    me he creado un acceso directo en el escritorio del ordenador.
    no sé si he hecho bien.
    temo que leerlo pueda perjudicar seriamente mi salud.
    Seguiré leyendo algo cuando mi curiosidad pueda más que mi miedo.
    Vaya tía peligrosa.

  3. Svieta K. dice:

    Oígo voces que me dicen que siga este blog y me haga una himenoplastia.

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