Vodka de culo, mandarina pocha

Me subo al metro. Entra un señor tambaleándose. Es un buen borracho de esos de narizamen de lava y pelo bien embadurnado de sérum natural. Se sienta a mi lado.  Hiede a alcohol que es una locura. Un potajazo indefinible: vodka con  whisky con licor de agua oxigenada. Yo hago la de olerme dentro de la manga un rato y aguantar la respiración otro rato, que no me gusta a mí herir a nadie. Ansias de potar, ansias locas de cambiar de asiento. No lo hago, porque, como ya he dicho, no me gusta a mí herir a nadie. De pronto se abren las puertas, entra un viejo un poco grimoso, de estos a los que se les adivina un huevo enorme y amoratado bajo el pantalón. Se sienta a mi otro lado, y empieza a pelar una mandarina pocha. Y entonces la magia sucede. Los olores se abrazan. Vodka de culo y mandarina pocha. Es delicioso, es delicado, es chispeante. No me gustan mucho las copas. Las bebo con obediencia y empeño, como una medicina, para conseguir el maravilloso efecto que todos conocemos y que nunca deja de sorprenderme. Pero ha nacido el combinado de mi vida. Me gusta. Me pirra. Quiero abrazar a mis dos compañeritos y apoyar sus cabezas apestosas en mis hombros. Quiero que nos queramos mucho y nos sumamos en un dulce sueño. Que estos señores sigan conmigo hasta cocheras. El metro se detiene. Miro la parada: Opañel. Así bautizo el cóctel.

-¿Seguro que tenéis dieciocho?- Seguro - Paqui, ponles dos opañeles a los nenes. (Cóctel Opañel, el nuevo Malibú con lima)

-¿Seguro que tenéis dieciocho?
– Seguro, señora.
– Paqui, ponle dos opañeles a los nenes.
(Cóctel Opañel, el nuevo Malibú con lima)

*Juro que, mientras la vivía, puse ojos soñadores y visualicé esta historia como un haiku en potencia. Ya me veía llegando a casa y pliquipliqui en mi compiúter, todo contado en cinco minutos con dos o tres pinceladas japonesas, y yo con las mejillas encendidas como una Jane Austen exaltada. Pero como no sé, porque tengo una verborrea y una vulgaridad que no me abandonan jamás, pues la cuento así de chusca. Me gusta pensar que en otra vida fui poeta, delicada y muy fina, pero la realidad es otra, y debo aceptarla.

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5 pensamientos en “Vodka de culo, mandarina pocha

  1. Jane dice:

    Muy buena (y muy sensual) tu descripción. Hasta dan ganas de tomarse un opañel…

  2. Víctor dice:

    ¿cómo puedes seguir siendo fina y respetuosa rodeada por ésos señores tan desagradables? ay que admiración!

  3. Natalia Blanco dice:

    ¡Cómo que no eres delicada! Si sacas un cóctel de humanidad de la porquería. Jane Austen no tenía que viajar en metro.

  4. Ela de Castro dice:

    Me encanta la etiqueta “Testículo grande” muy fan.

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