UNA HISTORIA DE CISTITIS

BREVE INTRODUCCIÓN (dos puntos)

Hay ocasiones en las que hacer el amor es una danza fantástica en la que uno no piensa en nada, sólo en seguir adelante en situación de feliz abandono y comunión con el mundo. Pero no siempre es así. Ustedes lo saben, yo lo sé. A veces el sexo se vuelve ortopédico y raro, y de pronto uno ya no está en esa embriagadora situación en la que se encontraba hace un momento, sino más bien practicando un deporte extraño, con estrictas normas olímpicas marcadas por un dios maligno, en el que hay que llegar a la meta. La explicación a esto no la sé. Puede ocurrir en situaciones óptimas en las que se conjugan la atracción, el deseo sexual, y , en ocasiones (oh yeah!), incluso el amor, así que no van los tiros por ahí. El símil que más podría acercarse a esta sensación de coreografía robótica es la de repetir muchas veces una misma palabra. Ese momento en el que la mente patina y la palabra dicha pierde su sentido, produce exactamente la misma sensación de absurdez sexual que intento describir.
Pero aparquemos este asunto. Volveremos a él más adelante. Nos alejamos de la cuestión, pero nos mantenemos en la misma zona corporal. Cerremos los ojos, inspiremos bien profundo, y centrémonos en una sola y ardiente palabra:

CISTITIS

No me voy a enredar mucho con la cistitis. La cosa va de:
mear
Si son gente tocada por la mano de Dios, no sabrán muy bien de lo que les hablo. Si, en cambio, han sufrido en sus carnes miccionantes este mal, espero que sientan hacia mí la misma empatía que yo siento hacia ustedes. Quizás no ahora mismo, pero, en algún momento de nuestras vidas, en baños a quién sabe cuántos kilómetros de distancia, lloramos juntos al hacer pis. Y eso une inmensamente.

Las dos tuvieron cistitis en algún momento de sus vidas, y por eso, a día de hoy, aún COMPARTEN FUEGO

El caso es que, hará unos cinco años, me vi aquejada de este mal y acabé retorciéndome de dolor en la sala de urgencias de un hospital madrileño. Al día siguiente tenía el último examen de la carrera, así que, además de revolcarme en mi dolor, echaba angustiosas miradas a unos apuntes de Estructura de la Comunicación, o Comunicación Estructural, o algo así. Tras cuatro horas de espera que recuerdo teñidas de gritos de enfermos, sangre (llegó un hombre que se había dado un tajo en una pierna) y una incoherente conversación (más que una conversación fueron dos monólogos superpuestos y competitivos acerca de nuestros respectivos dolores, averquiénsufremás) con una señora que iba en silla de ruedas y que llevaba en el regazo un gato de peluche al que acariciaba y hablaba con ternura maternal, me desmayé en el pasillo y no les quedó otra que atenderme. Me arrastraron a una salita que parecía un cuarto de escobas atrezado de consulta médica y me sentaron en una silla. Lo que sigue fue tal que así:

Entra MÉDICO (30 años, corpulento, GAFAS MUY EMPAÑADAS DE VAHO, detalle que me inquieta). Se sienta.

MÉDICO: ¿Qué tienes?
YO: CISTITIS
MÉDICO: ¿Qué notas?
YO (a tope, intentando conseguir una cura divina y marcharme): Me quema mucho al hacer pis. Tengo fiebre. Necesito que me deis algo YA, porque mañana tengo un examen y no puedo ir con 38 de fiebre.
MÉDICO (irritado): Bueno, yo tengo 39 de fiebre y estoy aquí trabajando.

Silencio. Le miro asustada. El vaporazo de sus gafas es tal que no se le ven los ojos. Su cuerpo está despidiendo un vaho de locomotora. Y entonces el buen hombre, se revuelve en su asiento, me mira (es un decir, porque en ningún momento llego a verle claramente los ojos) y se dispone a expiar duramente todas sus frustraciones, lanzándolas contra mi persona y mi pis de fuego.

MÉDICO: Bueno, ya sabes por qué da la cistitis, ¿no?
Yo, malhumorada, con el ceño fruncido, y cara de “Pínchame un calmante y cállate, hijodeputa”, le miro desconfiada.

cistei
YO (creyendo saber la respuesta que busca, y adivinando en sus palabras las ganas que tiene de llamarme guarra): ¿Por qué?
MÉDICO: Por un traumatismo.
YO (estupor creciente): ¿Eh?
MÉDICO: Sí, por un traumatismo.
YO: Pensaba que me ibas a decir por follar (así de malhablada me pongo cuando tengo pis pirolítico).
Y aquí (CHANCHACHÁN) viene el gran momento de esta historia. Mi colegui el doctor, con sus gafas llenas de vaho y sus sudores febriles, se inclina hacia delante en el escritorio, y, con gran desprecio, me dice las siguientes palabras:

¿Y QUÉ ES EL SEXO, SINO UN TRAUMATISMO?

Y, atención, alzando sus manos de puerco en el aire, las hace chocar lentamente la una contra la otra, al tiempo que pronuncia alto, claro y lento“¡GOLPE! ¡GOLPE! ¡GOLPE!”, en una grimosa demostración gráfica de dos pelvis entrechocando. Amago de desmayo. Terror. Lo siguiente que recuerdo es inyección de Buscapina y taxi a casa.

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Gracias, maravilloso elixir curativo.

Oh my God. Debo respirar antes de continuar. Retomemos la introducción del principio, con todo aquello de la pérdida de sentido de todo en medio de una bonita relación sexual. ¿Me comprenden ahora? ¿Entienden que, en ocasiones, en mitad de algo tan divertido y estupendo como es el divertimento máximo de los cuerpos, una bruma me invada el cerebro, y vea de nuevo ante mí a aquel médico de la Fundación Jiménez Díaz chocando las palmas de sus manos y diciendo:

¡GOLPE! ¡GOLPE! ¡GOLPE!

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5 pensamientos en “UNA HISTORIA DE CISTITIS

  1. Víctor dice:

    Oh mi dios, qué historia! Diles a tus parejas futuras que se laven bien las manos y todo antes de ponértelas encima.
    Sólo conozco a un chico que haya tenido cistitis, pero todos los amigos pensábamos que lo merecía, porque el cabrón follaba todo lo que nosotros hubiéramos querido. ¿No querías chicas? pues toma enfermedad de chicas! Rara vez repetía con la misma chica, así que debía hacerlo un poco robótico, como dices al principio.
    Me encantó el sopapo!

  2. Tamara dice:

    amiga sabina, conocemos tu dolor y compartimos tu escozor . sopapo al medico a la de ya!

  3. bita dice:

    Seis y media de la mañana. Intentando aliviar este FUEGO, buscando soluciones y pensando en lo laaarga que se me va a hacer la jornada laboral…al menos me he reído un poco de nuestro traumatismo común.

    Los días festivos que derivan en un mayor frungir tienen daños colaterales. Estoy deseando salir a la calle y hacerme con el elixir que alivie mis arrepentimientos.

    Buenos días casi tengo que decir…
    Ay!

  4. […] Me explico: Yo he visto desnudas a casi todas mis amigas, a casi todas las mujeres de mi familia, y veo a diario a una docena de mujeres en cueros en los vestuarios de mi piscina, ese templo del cloro en el que nado a ritmo de Shakira. Sé cómo es un coño. Sé cómo son unas tetas. Y eso me ha ayudado a formarme una idea acerca de cómo es mi cuerpo. Los hombres heterosexuales, por norma general y según me cuentan, han visto muy pocos hombres desnudos, y de miembros viriles observados con detenimiento ya ni hablemos. El porno no vale, porque, como todos sabemos, nada es como en el porno. A veces sí, pero en general no, y doy gracias a Dios, porque ese golpeteo rítmico y monótono que se pegan debe causar instantáneamente una cistitis por traumatismo. […]

  5. maria delaó conuncanuto dice:

    Tras leer esto solo puedo decir que ISSSSSHHHHHH, hermanas.

    Y que el Monurol es manita de santo.

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