TE ENSEÑO LO MÍO SI TÚ ME ENSEÑAS LO TUYO

Ya sé que es la española una aceituna como ninguna, pero ALGO LE PASA a la española en la aceituna. Y cuando digo aceituna, aunque esté en parte refiriéndome de forma vulgarota y pretendidamente humorística al CHIRRI DE TODA LA VIDA, en realidad, si me pongo seria, quiero referirme a “ese lugar indeterminado del cerebro en el que se aloja la capacidad de disfrutar de la sexualidad”.

Brain-blue-woman

Pues eso, más o menos por ahí

Ustedes, lectores libertinos, modernos y de compuertas mentales abiertas de par en par, no comprenderán bien de lo que voy a hablarles, y quizás les suene lejano y como de otra época, pero creo que si uno da un tímido saltito y sale de su círculo social y aledaños, podrá encontrar sin problema ejemplos de estos escalofriantes hechos que me dispongo a relatar.
la foto 1

No describiré exactamente, por cuestiones de privacidad y pudor, pero sobre todo para que no me sea propinada una paliza el día menos pensado, el contexto y lugar en el que se produjo esta conversación. Sólo diré que me encontraba yo hablando con dos mujeres de 25 a 30 años, dos mujeres que, si bien algo más conservadoras que yo en sus usos y costumbres, eran dos muchachas, al fin y al cabo, hijas de una época en la que una se toma la píldora sin problemas delante de su madre, y habla del Nuvaring con sus amigos de la oficina; dos coleguitas de la pastilla del día después y del “se nos rompió el condón” pronunciado con ojitos de cordera buena en el centro de planificación familiar.

la foto 2

Ahí estábamos las tres, hablando de cuerpos cavernosos y otras barbaridades, cuando yo, que soy impúdica y bocachancla por naturaleza, les conté cómo un día, enredando en el ordenador de un amigo, fui a la carpeta Mis Imágenes para recuperar unas fotos depositadas allí por mí (mensaje que subyace bajo este texto enrevesado: Estaba COTILLEANDO) y me encontré un bello plano detalle hecho con webcam casera de unos genitales masculinos en su momento de máximo esplendor.

la foto 5

Mi amigo, que se encontraba a mi lado abriendo unas cervezas, vio mi cara de miniestupor, se acercó, y ambos vivimos ese momento de risa y vergüenza y risa y corte y risa. Porque la foto no mostraba ningún rostro, pero, al instante, por su expresión al verme observándola, comprendí que esa entrepierna era la suya. Nos reímos un rato más, nos tomamos las cervezas, y hablamos brevemente del tema de los maromos que se trajinaba por Internet y un poco más ampliamente de las autofotos sugerentes. Y ya está.

RESPUESTA: Que me mandes una foto de tu torso desnudo bañado en aceite mientras me ofreces con mirada sugerente unas arepas de carne mechada y queso. Con aguacate al lado.

Nada de esto hubiera trascendido más, si no fuese porque, en un momento de bocachanclismo extremo, se me ocurrió contar esta anécdota a esas dos muchachas de 25 a 30 años con las que tengo cierta confianza pero que no pertenecen a mi círculo de amistades. La cosa fue así:
CHICA 1: (Cara de COMPLETO ESTUPOR) ¿En serio? Pero qué fuerte, ¿no?
CHICA 2 (A la CHICA 1, como haciéndose la mujer de mundo): Claro tía, los gays son así.
Y ahí fue cuando yo dije:¿¿PERDONA?? ¿Cómo que: “los gays son así”?

Los gays son así.

Los gays son así.

En resumen, queridos amigos sopapistas: Estas dos jóvenas, mujeres occidentales del siglo XXI, crecidas en un ambiente de libertad sexual, hijas de la era de las redes sociales, de las largas distancias en las grandes ciudades y el trabajo a jornada completa con dos horas para comer y sin tiempo para follar, jamás, JAMÁS habían enviado una foto de una simple teta a un novio o amante, por poner un ejemplo de primero de erótica. Y, lo que verdaderamente resulta extraño, veían como algo fuera de lo normal que una mujer realizara este tipo de actividad exhibicionista. Pensaban que ese acto fotográfico-sexual era carne de seres erotomaníacos, de criaturas pornográficas (y, en sus cerebros limitados por la pureza, estas criaturas no eran otras que LOS GAYS).

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Sus pareceres acerca de la cuestión quedaron reflejados en la conversación de la forma que sigue:
YO: ¿De verdad, de verdad, que nunca jamás le habéis enviado una foto un poco subidita de tono a un novio? (Apunte: Obsérvese mi rápida adaptación al medio, refiriéndome al receptor como necesariamente un novio y sustituyendo “foto guarra” por “foto un poco subidita de tono”).
Y la reacción, prepárense para un terrible escalofrío, fue:
CHICA 2 (con expresión de dignísima mujer ibérica): ¡Sí, hombre! ¡Para que se aproveche…! Ni de coña.

la foto 4
A mí se me puso el corazón en un puño, y en ese puño había rabia, había esa impotencia que da la incomprensión de los otros (y la certeza de que jamás van comprender lo que se les quiere transimitir), pero, sobre todo, había pena, una pena profunda. Y, controlándome para no romper la superficie cristalina y quieta de sus océanos de represión y recato español, comencé con mi monólogo interior al respecto:

¿“Para que se aproveche”? ¿Para que se aproveche de qué, alma de cántaro? ¿De tu preciada flor? Pobre mujer ibérica, capullito de rosa de fragante perfume cerrado con grapas para no dejar escapar ni una pizca de esa dignidad tan española y tan femenina (incluso, en algunas ocasiones, alguna bruta se atrevería a decir que feminista) que se defiende a capa y espada subida al pony de la ignorancia suprema. ¿No te das cuenta, virgen mental, que no hay NADA de lo que aprovecharse? ¿No te percatas de que, si le envías una foto tuya en pelotas a ese amante o criatura a la que conquistar que tienes por ahí, se va a volver loco de tenerte entre sus brazos, y que los dos os vais a inundar del morbazo más molón? Y, lo más importante, ¿no ves que esa foto de tus tetas, de tu culo, de tu cara guarrona o de lo que sea, no es un regalo que le haces a regañadientes para que él se haga una paja que sólo disfrute él? ¿No eres capaz de ir un poco más allá y ver que esa teta al aire, ese labio mordido, ese culo apretado con tus propias manos para dar más morbo, también son parte de tu propia sexualidad, de tu forma de mostrar, sentir y disfrutar tu propio cuerpo? ¿Y acaso no se te ha ocurrido que tú también puedes pedirle que dirija la cámara del móvil hacia su cuerpo y te haga un regalo? Como diría Fernando Arrabal en su interesante discurso acerca del Milenarismo, “¡no seas estrecho como una muñeca virgen!” (Segundo 00:40).

¡REGALO!

¡REGALO!

Tú no lo sabes, querida jovenzuela, pero cuando te descubres un pecho y pulsas el botón de captura de tu móvil para enviar un divertisucio mensaje a tu amante, estás dirigiéndote a toda velocidad en un triciclo brillante a esa vida anterior en la que todavía no sabíamos lo que era el sexo, y sólo había sensaciones y emociones puras y cosquilleantes. Tu triciclo se detiene tras un arbusto, y tras ese arbusto está un niño, una niña, una criatura como tú, que te mira desafiante y te dice: TE ENSEÑO LO MÍO SI TÚ ME ENSEÑAS LO TUYO. Sí, amigos, en ese clic de la cámara disparando, en ese whatsapp guarrón que se envía, está de nuevo EL JUEGO. Disfrútenlo.

la foto 3

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5 pensamientos en “TE ENSEÑO LO MÍO SI TÚ ME ENSEÑAS LO TUYO

  1. Muy bueno,… me gustó!

  2. jóvenes pero rancianitas…

  3. Maria dice:

    jejeje éstas son las que lo hacen con la luz apagá!!

  4. Esther dice:

    profunda tristeza sí señor. la culpa es de los padres. y de las buenas compañías.

  5. Jesús dice:

    Gracias. Me has hecho reir.

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