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Cosas encontradas en la calle: Fotos de carnet (PRIMERA ENTREGA)

Que una foto de carnet hace mucha pupa en el ego es algo que todos sabemos. La foto de fotomatón es un talismán de maldad y risión. Pocas frases se habrán dicho con tanta malicia y colmillos babeantes como ese sencillo “A ver…”, acompañado de gesto ansioso con la mano, que se pronuncia cuando un amigo saca su DNI a la hora de pagar algo.  Y ya que me meto en el tema, quiero aprovechar para manifestar desde aquí mi odio hacia el tan manido comentario, siempre pronunciado como algo ingenioso y tronchante, de “Pareces un etarra”. No es que me parezca políticamente incorrecto o de mal gusto (Dios me libre de que algún día ALGO me parezca tal cosa), es que estamos todos aburridos de tanto escucharlo.

Etarras 2007

Una partidita al “¿Quién es quién?” etarra.
-¿Lleva greñas?
– Sí
CLAC CLAC CLAC CLAC
– ¿Tiene apellido largo como un conjuro de akelarre?
– Sí
CLAC CLAC CLAC
– ¿Hay un reflejo de ikurriña en lo más profundo de sus pupilas?
-Sí
CLAC CLAC
-Es Agurtxane

Sé lo difícil que es lo de las fotos de carnet, sé lo que supone. Te lo juegas todo en un momento, igual que en la Selectividad. En el instante que dura un flash, debes mostrar todo lo bello y genial que hay dentro de ti. Una foto de carnet es como la única fiesta en la que puedes ver al adorado de tu corazón. Sales a la pista de baile, él está acodado en la barra. Bailas como sólo tú sabes, intentas sacar lo mejor de ti, y que tus tetas boten sin dejar de dar sensación de firmeza. De pronto, él te mira con sus ojitos de flash. Y es entonces cuando, presa de los nervios, vomitas, resbalas y caes de bruces sobre tu autopota. La cara que se te queda en ese momento, ese rostro que intenta salvar la situación como sea… ESO es una foto de carnet.

Pero dejemos de teorizar y vayamos al tema: estas fotos de carnet huerfanitas. Antes de nada, debo advertir que si alguien conoce a alguna de las personas de estas fotografías, yo estaré encantada de devolverles su instantánea e invitarles a una horchata Chufi Maestro Horchatero a modo de disculpa.  También debo advertir de que cualquier posible parecido de estas historietas que he inventado con la realidad será una señal divina de que soy la nueva Esperanza Gracia.

1: Carlos Charming (o ¿Qué culpa tengo yo de parecerme a un psicópata mundialmente conocido?)

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Carlos Charming, nombre artístico de este gerente de la sala de fiestas Picos Pardos, estaba harto de que sus amigos y familia le indicasen constantemente su parecido con Joseph Fritzl, más conocido como El Monstruo de Amstetten (por si ustedes viviesen en feliz desconexión con el mundo del horror, pueden leer la historia de este hombre aquí). Carlos, hombre bueno y puro de corazón, decidió darle un tono alegre a su aspecto, y pensó que una permanente y unas mechas eliminarían cualquier rastro de psicopatía de su rostro.

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Sobre estas líneas, el verdadero Joseph Fritzl

2: Santiaguín, el estudiante en prácticas no remunerado de Satán.

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Santiaguín, que es el hijo no reconocido de Joe Crepúsculo, las está pasando canutas, por eso está así de ojeroso y taciturno. Tiene todos los problemas de la pubertad, y, por si fueran pocos, por encima de la clásica voz en la cabeza que dice “quieres tirártelas a todas y después comerte una pizza mientras juegas al Minecraft” tiene otras voces más agudas que le ordenan la destrucción del planeta, dándole instrucciones detalladas de cada paso a seguir y dictándole recetas de bombas caseras. Todo esto comenzó cuando su madre le apuntó a las clases de guitarra del jovencito del piso de arriba. Este mozo, pelilargo y permanentemente enfadado, dejó la guitarra de lado desde el primer día de clase y, llamándole siempre “compañero”, se dedicó a mostrarle las razones por la que este mundo está podrido. Una tarde intentó aleccionarle para que convenciera a sus compañeros de clase de quemar una sucursal bancaria. Santi, atolondrado y con ganas de molar, se lanzó al tema, pero recibió una paliza escolar monumental y la promesa de ser el blanco de todos los bullying por siempre jamás. Ahora no sólo quiere quemar bancos, sino que también, tal y como le ordenan las voces de su cabeza, desea degollar a su clase entera y algunos de los del C, así como al profesor de guitarra, iniciador de todo el mal. Las voces también le ordenan que corra después a su casa, donde su madre le estará esperando con un pijama de felpa y un vaso de leche caliente con miel.

-Mamá, quiero dejar las clases de guitarra.

– Pues no va a poder ser, hijo. Tu padre ya pagó cuatro meses por adelantado.

Y así continúa la vida de Santiaguín, insomne y permanentemente asediado por las voces de su cabeza.

3: La beldad rubia.

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Esta rubita es la Chloë Sevigny del barrio de Arganzuela y, aunque salga relativamente bien, si se fijan atentamente en sus ojos, verán que lleva dos días encerrada en su habitación llorando.

4: Amigas para siempre.lengui

Carla y Marina eran las mejores amigas del mundo hasta la fatídica tarde en la que se sacaron estas fotos y Marina le dijo a Carla que tenía la lengua como la pista de aterrizaje de un aeropuerto.

5. Álex Canillas, fotografía de entrada en prisión.

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No sufras, Álex. Aún no lo sabes, pero, tras la furia inicial, te convertirás en un preso dócil y manso, que encontrará entre rejas la felicidad y el gusto por la cultura  y te sacarás la carrera de Derecho por la UNED.

6. Chari, Cristasol ectoplasmático.

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El último jueves de cada mes, el fantasma de Chari se aparece en el fotomatón de la Plaza de Lavapiés armado de bayeta y KH7, y limpia los papeles de platina y los restos de heroína del suelo, dejando la cabina brillante y con un agradable olor a pino.

7. Sube al coche, reina de la noche.

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Salomé nunca pudo darle esta fotografía a su novio, que vivía en el pueblo de al lado. Él, viendo que nunca llegaba la foto prometida, se casó con una prima segunda suya. Ahora tienen una carnicería. A veces Salomé coge el coche y va a verles. Hablan de naderías, les compra un filete y se lo come crudo al llegar a casa.

Para que estas personas a las que expongo y a las que imagino una existencia sepan  perdonarme y yo pueda librarme del infierno, he decidido hacer un ejercicio de humildad (a la par que de humillación pública) y mostrar la foto de currículum que me saqué la última vez que me vi en situación de desempleo. Esta foto, que guardo como enseñanza de lo dura que puede llegar a ser la vida en el paro, y que miro fijamente cada vez que me siento tentada de apagar el despertador y no ir a trabajar, es para mí una PUTA ODA AL HORROR VITAL y a la INSEGURIDAD EN UNO MISMO. Veámosla:

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Y ahora, un breve análisis:

1: ¿Por qué llevo un ojo más pintado que otro? Esto es algo a lo que no he encontrado una explicación concreta, pero que me sucede cada cierto tiempo, normalmente en épocas de emociones convulsas y angustia interior.

2. ¿A qué estaba jugando, qué pretendía conseguir con esta foto? Lo recuerdo perfectamente. Era una foto para currículum, así que quería parecer simpática, quería parecer profesionalmente capaz, pero, sobre todo, quería parecer ESPABILADA. ¿El resultado? El rostro, sin saber a qué orden cerebral responder, se convulsiona, dando como resultado esta expresión de chulería mongola que no deja traslucir una buena disposición al trabajo, sino más bien un “me tomo de cinco a diez chupitos después de la comida, transpiro mucho, soy más chula que nadie, y, si me das la oportunidad, VOY A REVENTAR TU EMPRESA DESDE DENTRO”.

Y así, con esta autohumillación, termina esta primera entrega de FOTOS DE CARNET. Antes de despedirme, y celebrando esta rave del parado en la que se ha convertido este pedazo de tierra llamada España (seismillonesvengavengadaledale), debo contar una breve y reveladora conversación que escuché una vez en el bus. Una muchacha de unos veinte años le indicaba a su amiga de la misma edad, ambas con sendos tacos de currículums en mano, que ponerse camiseta de tirantes para la foto de un CV que iba a ser entregado en invierno era un error, porque a la gente que lo recibía le daba frío y le chocaba mucho, y no te cogían. Y con cuello alto en foto de currículum que iba a ser entregado en verano, más de lo mismo. Y eso.

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COSAS ENCONTRADAS EN LA CALLE 2: Carné del cole para todo lo que sea, de Carlota García

Comencemos con el extracto de un diario de cuando una servidora tenía nueve años, que es un mal trago necesario para comprender este post de forma conveniente:

“(…) Y entonces le llevaré detrás del polideportivo, le besaré, y él se tendrá que dar cuenta de que estoy enamoradísima de él”. Esta entrada de mi diario versaba sobre D.P. (No me quiero poner Quim-monzonesca tocapelotas con el tema siglas, pero es que aún estoy en los inicios del blog, y no quiero arriesgarme a disgustos poniendo nombres completos).

D.P. era un niño de mi clase que era Testigo de Jehová y que me traía loquita. Yo, con mi morbosidad facilona habitual, le decía: Cuéntame, cuéntame otra vez cómo es tu día de Reyes. Y él me relataba un ritual terrible en el que todos los regalos de los niños estaban en un montón y tú cogías al tuntún, teniendo uno que joderse con lo que le hubiese tocado. En la página de al lado hay un montón de dibujos en los que se nos ve a los dos agarrados del brazo en situación nupcial, yo con el pelo muy largo y florido, todo claramente inspirado en la boda de Robin Hood y Marian, pero con iglesia al fondo, señal clara de que tenía pensado arrastrarlo al Camino de la Verdad y convertirlo al catolicismo. Actualmente creo más en la lectura del futuro en los posos de la pota que en la existencia de cualquier forma diosesca, pero en aquel momento estaba muy empeñada en tener fe. En la esquina de la página, después de todo el bodorrio, hay dibujado un monigote informe, algo así como un pelele con cabeza, bajo el cual está escrito: “Nuestra hija Carlota”. Y ya paro, que vomitamos todos.

El caso es que hará unos cinco años, hurgando en esas basuras que Dios me dio, encontré esta maravilla, que es mi tesoro, mi amuleto y mi todo. Apreciémoslo en toda su belleza:

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Frontal y reverso del CARNÉ DEL COLE PARA TODO LO QUE SEA

Este trocito de papel bien doblado y redoblado sobre sí mismo encarna toda la ternura que soy capaz de sentir. El CARNÉ DEL COLE PARA TODO LO QUE SEA es mi horrocrux único del amor. Si alguien lo destruyese algún día, véase Potter, véase cualquier otro mago enano con tics faciales, mi poder de adoración hacia los cachorros, los bebés y algunos hombres de graciosas barbas se extinguiría de manera fulminante.

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El bebé-cachorro-hombre de graciosa barba, el ser mitológico que me pone al borde de la franela ternurosa.

Advierto que mi capacidad de enternecerme es muy grande, a pesar de que mis comentarios malévolos en el post anterior (Que pueden leer aquí), que han ofendido a antiguos amores y demás inevitables klukluxklanes de la libertad de expresión, demuestren que soy una desgraciada que no disfruta más que con la mofa, el escarnio y el placer de echar alcohol sobre una falta de ortografía bien abierta o un vídeo de humorista desacertado. En alguna ocasión, en estados de ebriedad suprema, he llegado a sentir una ternura dolorosa y ganas de bañar (sí, han leído bien: GANAS DE BAÑAR) a hombres locos que gritan por la calle, a ese tío sin una pierna que recorre Argumosa arriba y abajo pidiendo dineros, y una vez a una señora cubana muy sucia que se lavaba sus partes pudendas en la fuente de la Plaza de Chueca, y que, al cruzarse mi mirada curiosa (y enternecida) con la suya, me espetó “Eres como una cáncer en un pecho”. Así, sin presentaciones ni tomas de contacto previas, como en esas citas americanas de cinco minutos que vemos en las películas, en las que puedes decir sin ningún pudor “Ni me hables, que me das GRIMA” y quedarte tan ancho, esperando a que suene el timbre para pasar a tu siguiente cita de cinco minutos. Pero dejémonos de tanta palabrería, y vayamos a lo que vamos: Carlota. A este nombre le sigue un gritito de amor y franela. Sabéis cómo es ese grito. Nace como a la altura de la boca del estómago, pero vibra por todo el cuerpo.

Ese grito

Ese grito

Carlota es mi primogénita, el detonante de una filia maníaca enloquecedora que se ha venido desarrollando desde que encontré el carnet y que hoy voy a confesar. Los antecedentes de este comportamiento locatis se encuentran en ese pelele con cabeza de mi diario de los nueve años, pero vuelven a observarse indicios maníacos más adelante, en la adolescencia, cuando mis amigas me pedían que les dibujase los hijos que iban a tener con los chicos que les gustaban. Yo les pintaba en un papelito pequeños rostros candorosos, y ellas les ponían unos nombres muy locos: Jezabel, Alegría, Arena, porque así de New Age es la pubescencia en las Islas Afortunadas. También yo tenía mi propia hoja de hijos, y qué rabia no conservarla. Por supuesto, todas teníamos descendencia con varios hombres diferentes. Algunas canarias somos un poco así, telenovelescas, disolutas y bien predispuestas al fracaso matrimonial desde la más tierna edad. Aquellos tiempos pasaron, y parecía que mi furor de dibujar fantasías filiales se había calmado (de hecho, el tema hijos, a día de hoy, me da bastante pavor), hasta que encontré el CARNÉ DEL COLE PARA TODO LO QUE SEA. Era como si Carlota, la hija que había inventado a los nueve años, hubiese nacido por su cuenta, y se pasease libremente con su carné mágico que le daba libertad para todo. Carlota era como yo, una niña flipada y vaga, con ciertas reminiscencias anarcoides (¿O no es flipado, vago y anarcoidal tener un carné PARA TODO LO QUE SEA?). Desde entonces, en una serie de impulsos semiinconscientes, empecé a dibujar un hijo por mes. Según cómo hubiese sido el mes y según fuese la persona que me gustase en ese momento, así era el hijo. Incluso si esa temporada me lo pasaba muy bien con alguna amiga, o ese día sentía una unión especial con esa persona, hacía lo posible por que el hijo se pareciese a ella.

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Época en la que me colé absolutamente por un tío muy loco que era acomodador del Bernabéu y me llevaba a ver partidos al palco de honor

En ocasiones los dolores menstruales también afectaban a cómo fuese el hijo. Mucho dolor: hijo con cara malvada, y cosas así. Si lo pasaba mal y me dolía mucho, los hacía un poco feos o gordos (pero los quería igual, nada de rencores).

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Hija del verano pasado, cuando aprendí, con gran satisfacción, a nadar a crol correctamente

Hace unos cuantos meses que, más por despiste que por otra cosa, abandoné el hábito, pero he decidido retomarlo. Me apetece mucho que cuando muera se hable de mí como “esa anciana arisca que dibujaba niños de forma compulsiva y que finalmente quemó su casa con ella dentro”.

bebesote

En el momento no me di cuenta, pero fue un mes terrible. Pobre hijo mío.

Después de esta confesión vergonzante y extremadamente locatis, no quiero zanjar el post, porque no encuentro un buen final, y, sobre todo, porque sé que se quedarán ustedes con la sensación de que estoy tremendamente desequilibrada. Me siento tímida y temblorosa en un rincón de la fiesta, como cuando haces o dices alguna barbaridad en una noche de sábado y se te pasa la borrachera de golpe. Así que tendré que contar algo que me había prohibido usar como justificante, pero que ya sabía que podía servirme en algún momento de apuro.

Allá va: En el boom Manolito Gafotas yo tenía 10 años y una profesora de lengua que se llamaba Ana María. La señora en cuestión nos puso en masa a leer el librito en las horas de Actividades de Estudio. Yo en esa época iba muy de subidita y muy de yo-ya-leo-cosas-de-la-colección-roja-de-Alfaguara, y escribía unas redacciones tremendas, que empezaba con pasión y terminaba de cualquier forma, porque siempre he sido una flipada muy vaga (combinación fatal que trae muchos disgustos). A la seño Ana María se la llevaban los demonios con mis finales precipitados, y me decía: Estos finales locos no pueden ser, nena. Tienes que pensar toda la historia antes de escribirla, no puedes improvisar sobre la marcha. Yo, soberbia como era, me volvía a mi sitio con cara de “Cállate, hijadeputa, que no tienes ni idea, que yo me he leído Campos de Fresas de Jordi Sierra i Fabra y lo entiendo y todo”.

Ese gran hit de la literatura adolescente

Ese gran hit de la literatura adolescente

La verdad es que me jodía en el alma. Ese año Elvira Lindo hizo un tour por colegios de toda España, y vino al mío. Nos reunieron a todos en el gimnasio, la Elvira dio una charla, y después empezó el turno de preguntas. Y yo, aterrada y casi sin voz, le pregunté: ¿Cuando empiezas una historia tienes claro ya desde el principio cómo va a terminar, o vas improvisando? Y la señora Lindo, refulgiendo como una diosa entre las colchonetas de gimnasia podridas, contestó:” Ah, no, yo me lo voy inventando todo sobre la marcha”. Casi me dio un desmayo de triunfo y satisfacción, y miré a mi profesora en plan TOMAPARAQUEVUELVASOTRAVEZ. Hoy, con gran bajón por haber escrito a lo loco y no haber podido cerrar este post con un final redondo y una graciosa floritura, y con toda la humildad de la que mi corazón es posible, le digo a Ana María: TENÍAS RAZÓN, SEÑO. HAY QUE PENSAR LOS FINALES ANTES DE EMPEZAR A ESCRIBIR.

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Cosas encontradas por la calle 1: El cuaderno

cuaderno
La semana pasada una niña llamada Noelia se dejó este cuaderno en el andén del Cercanías de Nuevos Ministerios. Y yo lo cogí. Ya desde un primer momento, antes de leerlo, me sentía llena de maldad y regocijo, acariciando el cuaderno y protegiéndolo de la vista de los pasajeros que se subían en Recoletos, como si fuese un Golum enloquecido. Lo de protegerlo de la vista de los pasajeros era sobre todo para que no viesen esa portada y pensasen que venía de mi clase de educación especial. Presentía que me iba a encontrar algo bueno y que al mismo tiempo me iba a horrorizar.
Pero no puedo abriros el cuaderno sin antes desnudaros mi corazón y confesar que soy una absoluta fanática de la ortografía. Tengo fantasías en las que voy a casarme con el cantante de Héroes del Silencio, y en el último momento alguien (un ser maravilloso que me conoce mucho y me ama profundamente) se levanta en la última fila de bancos de la iglesia y dice que se opone a la unión porque Bunbury lleva ene antes de be. Por lo tanto, ya sabéis que mi interés en el cuaderno era puro afán de espantarme ante la ignorancia de esta juventud que se nos viene encima. Lo abrí por la segunda página, y ya en aquel momento mi mente malvada comenzó a componer odas de burla maligna para Noelia:
Noelia, encantadora paletita de 1° de la E.S.O. C. Noelia, milagro andante del sistema educativo español. Noelia, grácil gacela que sortea pruebas de nivel y orientadores escolares y que, salto a salto, a fuerza de permanecer escondida entre la maleza selvática durante los exámenes finales, has conseguido llegar a 1° de E.S.O. sin poner puntos ni comas.
Noelia, animala ortográfica, ira de mis entrañas, desastre mío, alma mía. La lengua española inicia un viaje de tres pasos sin comas ni puntos ni espacios y cae destrozada al final de un barranco. No-e-lia

Noe, tía, no mires, pero tienes al demonio de la ortografía detrás de ti

Noe, tía, no mires, pero tienes al demonio de la ortografía detrás de ti

Pero pasemos de las odas malignas y comencemos por el principio.

Primera página:

Primera página

Carita sonriente emoticonoide. Lengua con diéresis, lengüa. Rezo porque esa u sea un intento de smiley, y no una u con diéresis de verdad. De todas formas, ¿qué cojones pasa con esas caritas sonrientes? ¿Por qué las ponen detrás de todo lo que escriben? Yo, cada vez que veo un smiley teenager, no puedo evitar ver en esa boquita curvada y esos ojitos ingenuos una disculpa en plan “Mira qué mal escribo, pero no te enfades, no me pegues, que soy muy majo, jiji”.

Segunda página: Un CURIOSO EJERCICIO que me deja sumida en la tristeza.

ejercicio

Este tema me trastorna. No termino de entender por qué los jovenzanos éstos escriben tan fatal, teniendo en cuenta que se pasan el puto día escribiendo en sus móviles del futuro. De hecho, si ya no hablan, que sólo escriben, ¿no deberían haberse vuelto unos auténticos maestros de la lengua escrita? ¿No tendrían que ser los Chéjovs del chat? A mí el Messenger me educó la escritura y me dotó de la agilidad necesaria para escribir chorradas como la que están leyendo ahora mismo.

Y aparte, ¿qué futuro le espera al planeta? Quiero decir, ¿se acabaron las interminables discusiones amorosas por Messenger o privado de facebook? Un amigo dice que no, que seguirán siempre ahí, pero que las de ellos tendrán cero riqueza lingüística, y nada de toda esa demagogia enfermiza que tenían las nuestras, es decir, que serán la mitad de divertidas, además de emoticonizadas hasta el empacho. Se ahorrarán mucho tiempo por falta de dominio del lenguaje, cosa que les envidio. Pero me sigue pareciendo mal, fatal. Porque sí, se ahorrarán ese tiempo que nosotros tirábamos a la basura desmenuzando la ira con nuestras parejas, pero su cabreo, por culpa de la falta de puntos y comas, y de la consecuente  incomprensión mutua, seguirá ahí, así que terminarán matándose.

Este cuaderno, aparte de descubrirme curiosos ejercicios adaptados a estos tiempos de horror ortográfico y absurdo comunicativo, que nuestra Noelia bonita resolvió con más o menos buena fortuna, me abrió una rendija que me permitió vislumbrar el corazoncito ingenuo de la Noe. Esa pequeña alma One Direction, llena de sueños y fantasía, y absolutamente desconocedora de lo que es un punto o una coma, y casi un espacio entre palabras. Véanlo ustedes mismos:

redacción
[Transcripción exacta del texto]
Un día estábamos con unos amigos y me dijeron quieres ver una peli y entonces respondi ¡Claro! ¿A que hora quedamos? A las 5:00 vivo en el 1ºB Eran las 5 me arregle y fui a llamar al telefonillo llame y me dijo Jorge dos segundos y salgo salió y nos fuimos a ver la peli me dijo es muy bonita y le respondí creo que si y me pregunta ¿cuando acaba la película? Y a los dos segundos dije vamonos a tu casa no me esta gustando la película y fuimos a su casa y dijo Jorge estoy en casa y dijo su padre traes a tu novia eh, respondió Jorge ¡Sólo somos amigos! Y yo me reí. Entonces me dijo mañana quieres qué quedemos me gustaría Charlar contigo y así nos reimos un rato y si surje algo vale. Me gustaría te amo y yo respondí pués claro. FIN

Noelia, me haces sufrir, muchachita. Quizás si te quedases a ver enteras esas películas que abandonas a la mitad, a tus 13 años entenderías que hay un recurso milagroso llamado ELIPSIS que puede ahorrarte esas sucesiones de acciones sin ningún interés (“y fui a llamar al telefonillo llame y me dijo Jorge dos segundos y salgo salió y nos fuimos a ver la peli”). Es normal que se te den tan mal las redacciones. Yo las odiaría si tuviese que describir exactamente cada una de las acciones que realizo.

Linda Cardellini indignada por lo mismo que yo

Linda Cardellini indignada por lo mismo que yo

En ese momento de regocijo malvado, saliendo de la estación de Atocha, ya tenía toda la mente inundada de reproches y prejuicios hacia la pequeña Noelia. Caminaba apretando los dientes y sonriendo, siendo todo lo arpía que puedo llegar a ser. Y entonces reparé en el final de la redacción, las últimas palabras escritas a boli negro, seguramente añadidas después de la corrección del profesor para que nadie las viese.

redacción

“Me Gustaría charlar contigo y así nos reimos un rato y si surje algo vale. Me gustaría te amo y yo respondí pués claro”. Oh, Dios mío. Ese final triunfal, sincero y llano, borró de un plumazo toda la ineptitud de la Noe para la redacción y la ortografía. Sí, amigos: de pronto saqué mi flagelo invisible, me fustigué, y me dije: ¿Quién te crees que eres, desgraciada? Te escandalizas ante la ignorancia adolescente, hablas de ellos como si fuesen animales disfrazados de Selena Gomez que vienen a destrozar tu mundo de ene antes de be, pero no te das cuenta de que también tienen corazón. Y justo en ese momento mi mente rebobinó y tuve un último presentimiento. ¿No había un error en el último ejercicio de la escritura de móvil? Pasé las páginas rápidamente. Ahí estaba. El f).

ejercicio

La respuesta correcta, con la que Noelia finalmente había dado, era 1 beso, pero antes había cometido un error, que estaba tachado, y bajo ese borrón podía verse perfectamente: Primero B. ¿No era ese…? Volví rápidamente a la redacción y tuve un pequeño temblor. Sí. Primero B: EL PISO Y LA LETRA DE CASA DE JORGE. Emoción total. A la mierda Crepúsculo. Larga vida a Noelia y Jorge.

Llegué a casa, me senté, y, a modo de exorcismo de mi manía ortográfica, escribí la nota que realmente merecía nuestra querida protagonista, y no toda esa mierda de odas burlonas y malignas:

Pequeña y dulce Noelia: Eres un amor. Ve a por Jorge a tope. Le gustas 😉

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la contraeducación

la educación de la no-educación

SINSUEÑO

todavía recuerdo cuando podía dormir

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La maruja común cotillea en la pelu; la postmoderna tiene un blog.

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